Escribo esto a la luz de un candil, y no sé por dónde empezar. Quizá cronológicamente sea lo más sensato...
Tras una primera noche llena de ruidos de camiones, mosquitos atacándome con saña, y frío y calor alternos (en resumen, de dormir peor que mal), nos echamos animosamente a la calle, para descubrir que detrás del hotel teníamos ¡un pedacito de Gotham City (hay fotos)! Al dar la vuelta al edificio, comprobamos que se trataba ni más ni menos que de The Ny Carlsberg Glyptotek (sí el Carlsberg de la cerveza, pero el hijo), un precioso museo de arte clásico y algo de contemporáneo, cuyo contenido está formado principalmente por numerosas obras de arte griego, romano, etrusco, egipcio, etc. pertenecientes a la colección privada del señor Carlsberg.
Tras una reparadora siesta, fuimos a encontrarnos con nuestro guía local, que nos llevó a ver la famosa sirenita de Copenhague, a la que vimos, para nuestra decepción, a través de una pantalla a tiempo real instalada en el sitio, ¡ya que está en la Expo de Shangai! Vimos también el parque Churchill, que en su día fue el principal bastión defensivo de la ciudad, ahora reconvertido en cuartel militar; el Palacio Real; la Casa de la Reina; el edificio de la Ópera por fuera; el Diamante Negro por fuera... Todo, por supuesto, como buenos turistas, subidos en sendas bicicletas públicas, que parecían diseñadas por el verdugo de Torquemada, por la suspensión y el peso que tenían...
Por la noche cenamos en un pequeño bar de Christiania, una república independiente dentro de la propia ciudad de Copenhague, donde se permiten las drogas blandas, y además la comida y la bebida son mucho más baratas, ya que no pagan impuestos. Un sitio muy curioso, con edificios llenos de hermosos grafittis, y buen rollo general, siempre y cuando cumplas una estricta norma: no fotos.
Todo esto, embutidos siempre en hermosos ponchos para la lluvia color blanquecino transparente, como si de preservativos con patas se tratara...
Al día siguiente, y puesto que el tiempo acompañaba mucho más, decidimos irnos a visitar el Tivoli, el segundo parque de atracciones más antiguo del mundo; muy bonito, muy divertido, y muy caro... Pero merece la pena, ¡y comimos algodón de azúcar!
Por la tarde volvimos a reencontrarnos con Carlos, que nos echó una buena bronca por no visitar más la ciudad, tras lo cual, dimos un paseo viendo calles, plazas, jardines, el planetario Tycho Brahe, ahora cine 3D, y los lagos artificiales, que al caer la noche se tornan mágicos...
Hoy, en principio, está planeada una visita a Suecia... Seguiremos informando! ;)
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